Bitácora de Viaje : Día 8 : Tikal, Guatemala, a Belice

Día 8. De Tikal, Guatemala a Belice

Hoy ha sido para mi el mejor día del viaje. La mejor Navidad en mucho tiempo (A pesar del cruce en la frontera de Guatemala con Belice.)

Empezó a las 5 de la mañana cuando nos empezamos a preparar para ver el amanecer desde el templo IV de Tikal. Salimos del hotel y estábamos justo a las a las 5.40 am esperando que abrieran el parque a las 6. Todo bien… Hasta que Mich se dio cuenta que había perdido los boletos de entrada y que sin ellos, adiós la vista del amanecer…

Total que entre las 5:40 empezó una búsqueda frenética en plena obscuridad y sólo con lamparitas de mano 200 metros desde el cuarto de hotel hasta la entrada al parque arqueológico. Y cuando todos ya estaban medio estresados, encontré los boletos en un charco, cerca de la entrada. Mich se salvó. Ya la ibamos a regresar a México en camión.

Total que entramos al parque a las 6:05am y corriendo nos fuimos por la obscuridad completa en medio de la selva completamente y llegamos en 25 minutos al Templo IV.

Y la vista desde lo más alto dejaba ver toda la selva y la parte de arriba de las otras pirámides sobresaliendo de los árboles. Valió la pena la madrugada y la buscada de los boletos y todo.

Regresamos al hotel y nos preparamos para salir hacia la frontera. Hacia un lugar que se llama Melchor de Mencos, qué es en donde está el cruce fronterizo. Ahí empezó la tortura. En cuanto llegamos y nos pidieron que nos detuviéramos, se veían las intenciones de los oficiales guatemaltecos.

Y cual policías de tránsito mexicanos empezaron a buscar razones para pedirnos mordida. A mi me dijeron que el permiso que traía no servía y a Charly y a Mich que el número de placa no coincidía. ‘Así no pasan, vayan de regreso a la frontera por donde entraron’, nos decían.

Entonces por casualidad estaba ahí un lado uno de los cambiadores de dinero tolerados que andan en las fronteras. Son personas que como si fueran revendedores fuera del estadio, te ofrecen cambiar dinero. Y se acercó a ofrecernos su ayuda diciendo: ‘ya vieron que así no pasan, pero si quieren yo hablo con el licenciado y vemos como lo arreglamos…’. Mientras ‘el licenciado’ hacia comentarios como ‘déjalos que se vayan’.

Y tristemente así empezó una negociación toda turbia en la frontera para que nos dejaran salir de Guatemala. Al final fueron 600 Quetzales + 100 pesos mexicanos (como 1300 pesos mexicanos).

Guatemala es un país muy bonito. La gente es decentemente amable y podriamos decir que no odian tanto a los mexicanos, como nos habían advertido. Pero la corrupción en las fronteras se parece a lo peor de México. Parece ridículo que no quieran que entres y luego te complican salir.

La entrada a Belice fue completamente diferente. Parecía la entrada a Estados Unidos. Tardado pero cada quien haciendo su trabajo.

Todo bien. Ya estábamos en Belice.

Y el paisaje cambió completamente. Las casas, la gente, todo. Además de los letreros en inglés, las casas de madera de colores enmedio de grandes jardines, y carreteras malísimas. Llenas de baches y topes.

Llegamos a San Ignacio. La ‘ciudad’ más grande de la región oeste de Belice. Todo cerrado por ser 25 de diciembre. Sólo hay uno o dos cajeros. Muchas de las calles no están pavimentadas. Sacamos dinero en un ATM  y seguimos hacia un lugar que vimos en la guía de Lonely Planet que se llama Moonracer Farm.

Y para llegar hemos pasado el mejor camino de todo el viaje. Imaginen un camino entre la sierra-selva. Sin pavimento y lleno de piedras. Completamente sólo por kilómetros. Sin nada alrededor y sólo con algunas entradas que llevan hacia casas u hoteles, pero por la vegetación, no se ve nada desde el camino.

Hicimos un montón de subidas y bajadas de piedras. Ha sido como de película. Llenos de tierra, a punto de caernos muchas veces, sacamos las motos de estar hundidas en lodo otras tantas veces y hasta cruzamos un río. Todo el camino igual. Como de película.

Tal vez para muchos esto será malo, pero para nosotros fue perfecto. Es lo que habíamos esperado desde que salimos. Y las motos siguen aguantando. Ahora están llenas de lodo. Así dejaré la mía hasta volver a México.

Y casi a punto de anochecer, llegamos al Moonracer. Estaba cerrado.

Y ya un poco preocupados por encontrar un lugar donde pasar la noche, cuando volvíamos, encontramos un bar en un cruce de caminos en medio de la nada. Otra vez como de película. Y en el bar, un gringo llamado James nos dijo que fuéramos a un lugar llamado ‘MET’ como a 2 millas de ahí.

Casi a obscuras avanzamos y al fin llegamos al MET. Y tenían la última cabaña disponible. No podíamos tener más suerte.

Y tal vez llegar aquí ha sido de lo mejor del viaje. Toda la gente que conocimos fue completamente amable y con ganas de platicar con nosotros. Los dueños Erin y Jim. Y Gio, el guía. Y todos los otros huéspedes. Y el lugar no se lo imaginan. Otra vez enmedio de la nada, rodeados de ruidos de la selva.

Es chistoso que hemos hablado con más gente en Belice, en inglés, que en todo México y Guatemala. Y todos nos han preguntado por las motos, yo me siento como con mis perritas, orgulloso de que la chuleen, jaja.

Nos incluyeron en su cena de Navidad y estuvo muy bien. Cenamos pavo ahumado. Terminamos el día en una cabaña que no tiene luz eléctrica y sólo se oye el rudo de los bichos y animales.

Ah, y en la noche, en la cabaña sentía perfecto como caminaba alguien por la noche. Adentro. No era ninguno de nosotros.

Fue una Navidad para no olvidar nunca. Pueden ver más del lugar donde estamos ahora en www.metbelize.com. Yo regresaré, espero que muchas veces.

Lo malo es que mañana tendremos que buscar otro hotel. Sólo tenían una noche disponible. Buscaremos otro cerca. Mañana nos queremos quedar por aquí.

Tavo

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